domingo, 20 de junio de 2010

Un brazo, una pierna

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Llegué de trabajar el viernes y Nani se despertó muy angustiado de la siesta. Le pregunté si había soñado algo feo y no supo que contestarme.
Se quejaba como un bebé, con un gemido de dolor.
Nada le dolía, o todo. No sabía decirme qué. Le pregunté si estaba angustiado y contestó que si. Le pregunté por qué y me contó una pelea con un amigo del jardín, el reto de su maestro, otro amigo que se descompuso en la pileta y algo de una bufanda y un arquero. Nada era demasiado para tanta angustia.
Le toqué ahí, en el huequito de los sentimientos, donde se unen las costillas y le pregunté si era ahí dónde dolía, y el llanto salió profundo, sincero y desgarrador.
La angustia lo acompañó toda la noche y yo dormí con los dos.
Durante todo el sábado las sonrisas fueron contadas y no hubo tema del que no habláramos tratando de descubrir el origen y con eso la cura.
No hubo caso.

Entonces me acordé de un día, un cumpleaños creo que de mi hermana, en el que yo estaba en la cama con fiebre, con una de "mis fiebres", llorando por no poder sentirme mejor, y se acercó mi papá con lágrimas en los ojos y ese nudo en la garganta que le impide hablar con claridad y me dijo "Daría un brazo o una pierna para que te sientas bien".

Y así, igual que mi papá, es como me sentí.

Ahora me voy a comer con él, y Nani con su papá y sólo espero que todo esté bien.


Feliz día Papi, y gracias por siempre enseñarme a ser mejor persona y mejor mamá.

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2 comentarios:

Pau dijo...

:) si tu papá te enseñó a ser lo que sos, entonces hizo un gran trabajo!

Luli dijo...

Linda Pau :)

Muchas gracias.